A mi manera.

Era un día cualquiera, caminaba despacio por las calles mojadas tras unas horas de constante lluvia.Ya llevaba mucho tiempo caminando y mientras lo hacía no perdía oportunidad de imaginar como sería si tan solo no estuviera caminando sola, si tal vez alguien en algún momento sujetara mi mano, sonriera un poco, me contara su día y alguna que otra historia que pasara por su cabeza. 
-Me gusta escuchar historias, me gusta regalar sonrisas, me gusta ser conversadora.-
Estaba empapada, ya hacía bastante que deambulaba por las calles y los paraguas no son de mi preferencia.
Frecuentemente caminaba sola, era una forma de olvidar, de dejar a un lado muchas preocupaciones, de desconectarme de mi mundo, catalogado en reuniones, trabajos y estudio. Pero en mi afán de olvidar mi rutina, recordaba cosas mucho peores, recordaba lo sola que me sentía y lo abrumada por no tener un solo espacio para confiar en alguien. Me sentía culpable pues en el momento de construir mi vida me preocupé por mi éxito y no por que alguien me acompañaría durante ese proceso y en eso se habían convertido mis últimos años, amargos y arrepentidos años.
Y así continuaba mi camino, lleno de pensamientos en vano y de cada momento que durante este tiempo pudo haber sido diferente.
Entonces entré a una cafetería. 
-Un café por favor, pronuncié casi susurrante.
-¿Espera a alguien? Me preguntó tranquilamente el mesero
-No, vengo sola. Afirmé.

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