En aquel bar

Era un viernes por la noche, acostumbraba a salir y tomarme una que otra cerveza a aquel bar cerca de mi trabajo, tenía cierto no se qué que me encantaba, era acogedor y me sentía bienvenida. Pocas personas lo frecuentaban, les parecía un sitio viejo y poco a la moda, y tal vez por aquel silencio tan arrullador era que sentía un gran gusto hacia aquel sitio. 
Los meseros ya me conocían y sabían perfectamente que era lo que pedía;"lo de siempre" me decía aquel chico de ojos claros, yo sonreía y afirmaba con la cabeza. Era un chico guapo aquel mesero, pero no sé, me gustan los misterios y sabía que podía descifrar fácilmente que había detrás de esos ojos claros. 
Generalmente asistíamos a ese bar las mismas personas, ya nos habíamos vuelto conocidos, conocidos silenciosos y distantes, sentados en cada mesa ahogando alguna pena. 
El hombre canoso que se sentaba en la mesa más cercana a la mía había perdido todo en los juegos de azar y ahora, acudía a aquel bar, que en su tiempo fue un reconocido restaurante, a recordar sus días de alegría con su familia.Un día accedí a sentarme con él y me contó su historia, ahora era un hombre amargado, con la mirada triste, con el alma perdida, que esperaba el fin de sus días sentado en aquel bar. 
Uno de los hombres que se sentaban en la barra, pocas veces dejaba de ver su copa, la batía, bebía a sorbos y miraba hacia el techo, se notaba que era un hombre solo, perdido en la desesperación. Un día por variar, me senté a su lado y me invitó una copa, el también me contó su historia, tal vez sonaré un tanto chismosa, pero nunca le pregunté nada, solo pidió una copa para mi y comenzó a hablar, su pareja había muerto y la depresión lo llevo a ese bar, el lugar en donde esperaría algún día poder superarla; tuve unos meses una aventura con aquel joven, pero él y yo sabíamos que yo no era la indicada para ayudarlo a superar aquella desdicha y él no era el misterio que tanto esperaba. 
Cada persona que asistía a ese bar con frecuencia tenia su propia historia, su propia desdicha, su propia carga. Y yo, pues mi historia la contaré en otro momento.
Continuando...
Aquel viernes me encontraba sentada tomando mi cerveza fría, analizando mi semana, organizando un poco mi mente, tomándome un respiro del trabajo y de mi familia, cuando decidí mirar a mi alrededor y en una de las mesas que generalmente estaba vacía, había un chico, un chico guapo, con la mirada perdida, y misterioso, pensaba, "por fin un misterio". Y bueno, no es mi culpa, me encanta conocer a las personas, saber de su vida, de sus historias. Decidí sentarme a su lado y tomar mi cerveza, callada, tomaba sorbo por sorbo. El me miraba con sorpresa, y una sonrisa se formó en su hermoso rostro
"Vengo de Rusia" me dijo, "Vuelvo, porque tengo el corazón roto, allí creía tenerlo todo, un buen empleo, una buena vida, una estabilidad económica y mujer que creía iba a ser mi amor por siempre, pero no caí en cuenta que las cosas cambian, que nada es para siempre. Me confié, confié todo lo que tenía a la vida y peor aún,confié en ella y me abandonó, me dejó con mi corazón hecho pedazos y solo pude escapar de aquel lugar esperando algún día olvidar". 
Es un hombre con problemas pensaba, pero me parecía interesante. No habló más acerca de aquel suceso, supongo que esperaba que le contara también la razón de mi soledad, pero no lo hice, empecé a hablar de mi infancia y de como me encantaba jugar con las mariposas en mi jardín junto a mi padre, le contaba que me fascinaban las mariposas, que amaba sus alas y que envidiaba su libertad.
Y en medio de historias se fueron pasando las conversaciones y el tiempo, cuando el mesero de ojos claros no avisó que ya era hora de cerrar. Salimos un momento a la calle y me invitó a su casa, pero no accedí, no quería que pensara que me senté justo en esa mesa buscando algo de sexo. 
Nos despedimos y nos miramos fijamente por unos cuantos minutos.
Nunca voy a olvidar esa mirada, esos ojos oscuros y brillantes.
Y aquí me encuentro de nuevo, sentada en este bar, esperando a que aquel chico misterioso vuelva a sentarse en aquella mesa vacía... 

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