A ti te escribo.

¡Salte de mi cabeza ahora mismo! 
O mejor no, no lo hagas, me encanta que permanezcas en mi cabeza en cada instante.
Admito que me gusta sonreír cada vez que pienso en ti.
Eres lo que pienso cada vez que me despierto y cada vez que me voy a dormir.
¿Será que notas como me cambia todo cada vez que te veo? 

Oye, cambias mi mundo. Siento que contigo nunca dejaré de aprender, de sonreír, de ser yo misma. 
Esta es la hora en que no entiendo como es posible que hayas hecho todos esos cambios en mi, pero los haces. Si vieras mi cara de pendeja en estos instantes...

No podría decirte que eres todo lo buscaba, porque en realidad no te busqué, y eso es lo impresionante, solo apareciste y ocupaste cada lugar de mi pequeña y desordenada mente.
Gracias por aparecer en mi vida, y solo quiero que sepas que yo nunca dejo de pensarte...

¿Será que tu me piensas igual que yo lo hago?
Ojalá que sí. 



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