Los aromas fríos de una madrugada penetrante armonizaban la habitación, los primeros rayos de luz entraban por la ventana, un nuevo día tenía ánimos de empezar.
Ella estaba durmiendo, una sonrisa se formaba en su rostro, tenía bonitos sueños, estaba feliz, una ola de tranquilad se posaba sobre ella.
Había tenido la mejor de las noches, abrazada a el hombre que eventualmente se había convertido en su compañía.
Estaba contenta, porque sentía que podía darle sus mejores gustos, sus mejores momentos, momentos interminables.
Estaba segura que podía compartir con el buenas conversaciones, buenos días y excelentes noches.
Podía confiarle todos sus secretos, sus mejores aventuras,todas sus historias.
Sabía que con él podía volver a sentirse segura en una relación, él se lo había demostrado.
El día comenzaría muy bien, la semana y tal vez los meses.
Entonces quiso abrazarlo por última vez antes de comenzar oficialmente el día.
pero él ya se había marchado...



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