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Hoy hay un te extraño en cada verso...

El café ya estaba frío cuando decidió por fin probarlo, la copa de vino era más apetecedora y aún así no la creía suficiente, necesitaba un licor más fuerte.
Sentada sobre el barandal de su terraza miraba silenciosamente la ciudad, una ciudad callada por la arrulladora noche, una ciudad tranquila, una ciudad que descansaba.
Miraba el cielo, miraba las estrellas, miraba la luna, miraba el firmamento y todo lo analizaba.
Era una mujer sumergida en su soledad, en sus pocas palabras, en su vida, sumergida en el momento...
No entendía por qué le era tan difícil asimilar todo lo que estaba pasando, un hombre dormía plácidamente en su cama, un hombre que la hacia sentir algo que ya había olvidado, un hombre que la adoraba, un hombre que la entendía y aún así no lo aceptaba.
Algo en su mente mas que en su corazón la tenían convencida de que después de aquella noche él se marcharía sin siquiera decir adiós, pero su mente no recordaba cuantas veces, el mismo hombre había dicho que iba a estar para siempre.
Estaba preocupada y mas que preocupada asustada...
Tenía miedo de enamorarse fácilmente, si no es que ya lo estaba.
Se terminó su café frío, organizó todo un poco y se fue a la cama, quería estar abrazada un rato más por aquel hombre, estaba decidida a arriesgarse y entregarle todo su amor, así terminara, tal vez, aquella noche...


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